
08.07.2007 |
Clarin.com | Sociedad
TENDENCIAS | CADA
VEZ MAS CHICOS EXTRANJEROS SON CRIADOS EN LA ARGENTINA
Adopción en el exterior: el Estado ayuda a una familia
argentina
Aunque el país
no fomenta la práctica, varios organismos oficiales participaron del proceso.
Ahora, prontos a ir a buscar a su hijo, armaron una página de Internet para
ayudar a otros argentinos que quieran hacerlo.
Silvina Heguy
Era el 13 de septiembre de 2004 y ese día Karina Klink tenía una cita más
que esperada: el primer encuentro con el psicólogo que evaluaría a su familia
para una adopción internacional. Estaba en Italia porque Juan, su marido, jugaba
al fútbol allá. Pero al otro día, lo trasladaron a Irlanda. Karina recuerda que
en aquel momento lloró como "una marrana". Siempre había querido "darle todo" a
algún chico que lo necesitara y ese sueño, que parecía cercano, se alejaba.
Entonces, lloró y mientras embalaba se dijo: "si Dios lo quiere así, por algo
será. Seguro que, en algún lugar del mundo habrá un chico que necesita una
familia, si tenemos que ser nosotros: será".
A miles de kilómetros de distancia, en una isla del Caribe, una guerra civil
sometía a un pueblo a la peor de las miserias. En noviembre también de 2004, en
esa isla en la que todavía es difícil conseguir leche y la gente persigue
desesperada a los camiones de las Naciones Unidas que gotean agua potable; nacía
un bebé. Su mamá decidió llevarlo a un orfanato porque no lo podía oír llorar
más de hambre. Nadie podía suponer que esas dos historias tan lejanas
terminarían juntas y en Buenos Aires.
Karina Klink está en la recta final de la adopción de aquel bebé que, como
Valentino -su hijo biológico-, este año cumplirá 3 años. La historia es larga y
merece ser contada porque es una de las primeras adopciones internacionales que
se realizan en Argentina con la ayuda de organismos estatales (Ver "Las..").
En el departamento de Belgrano, Valentino duerme la siesta. Sobre la mesa del
comedor hay una caja con dibujitos infantiles de esas que las embarazadas
compran para guardar el ajuar de su futuro hijo. Pero cuando Karina la abre
aparecen papeles. Son cientos. "Siempre quisimos adoptar. Independientemente de
tener hijos, queríamos compartir lo que teníamos con chicos que no lo podían
tener", cuenta. Entonces, ante de intentar adoptar en Italia, en aquel
septiembre de 2004, comenzaron los trámites en Gales. Fue en 2002, el anterior
destino de su marido. Pero la mudanza frustró los planes. Nació Valentino y
volvieron.
En Europa, Karina aprendió sobre el proceso de adopción internacional y se dio
cuenta de muchas cosas, confiesa. Los trámites son largos en todas partes: no
importa que se adopte en el país de origen o en uno de afuera. La ley
internacional -aclara- protege los derechos de los chicos.
En las reuniones de Italia, Karina se dio cuenta de que muchas familias buscaban
determinado tipo de chicos. "Preguntaban si podían elegir la edad o el sexo y si
se podían negar si estaban enfermos. Yo levantaba la mano y les decía: 'Y si
está enfermo qué importa. En Africa hay enfermedades que en Europa se curan. Y a
un hijo le puede suceder un accidente y faltarle una mano como a uno del Congo
al que una mina se la voló".
Buenos Aires, agosto de 2005. Karina Klink lee una nota sobre mujeres que
adoptan solas. "Y su idea de adoptar volvió". Leyó la ley de adopción argentina
y se encontró con que no podía hacerlo porque le faltaba un requisito:
los 5 años de residencia. Entonces llamó a las Naciones Unidas. La remitieron a
Cancillería y ahí le explicaron que Argentina no había firmado las convenciones
sobre adopciones internacionales. Pero ella siguió leyendo la ley de adopción y
se encontró con un artículo que la permite.
Entonces, volvió a Cancillería y la remitieron al Consejo de los Derechos de
Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad. "Antes que nada -dice María Elena
Naddeo, su titular- quiero aclarar que el Estado argentino no fomenta la
adopción internacional. Pero hicimos una excepción con este caso". Marina
Martins, abogada especialista en Derecho Internacional, agrega: "La hicimos
porque no cumplían con los 5 años de residencia por haber estado trabajando en
el exterior. Además, el proceso es totalmente legal de acuerdo con las leyes del
país del chico y porque si va a ser residente de la Ciudad qué mejor que el
Consejo para poder asegurar sus derechos. Además es un chico grande que, por lo
general, no los quieren adoptar y vive en un país en emergencia social". (Para
proteger al chico no se publica ni el país ni el nombre).
Cuando la familia de Karina Klink supo que el trámite era posible y legal,
comenzó el proceso. Primero había que elegir en qué país iba adoptar. En un
locutorio comenzó a buscar. Valentino tocó el mouse y se desplegó un orfanato en
un país de Centroamérica. Y de inmediato miles de fotos de chicos aparecieron.
Karina cuenta que le dio impresión. "Parecía un supermercado para elegir chicos
y cerró la página. Después me enteré que ponen las fotos porque se los puede
apadrinar". Antes mandó a imprimir las primeras páginas para llamar. En ella
había dos fotos: una nena y un nene. Valentino agarró la del varón y le dio un
beso y no la soltó.
El proceso fue largo. Duró casi un año y medio. Primero los aprobó el orfanato
como candidatos a adoptar, después el gobierno a través de un juez. Los exámenes
de aptitud exigidos se los hacían en Buenos Aires, los certificaban en
Cancillería y en el consulado de ese país.
"Los trámites me llevaron dos meses de dedicación exclusiva. Cuando nos dieron
el apto allá, llamamos al orfanato. Según las leyes de cada país te asignan o no
al chico que vas adoptar". Valentino seguía con la foto impresa en la mano.
"Cuando Juan repitió el nombre que le decían, nos largamos a llorar. Era el
mismo."
Karina decidió volcar toda su experiencia y su búsqueda en una página de
Internet (www.adoptarunangel.com.ar). Estará on line el próximo 20 y
ahí están país por país los requisitos. "Hay algunos en los que los trámites son
totalmente gratuitos. Quiero que les sirva como orientación a los argentinos que
quieren adoptar afuera, que son cada vez más (Ver "Otros..."). Acá la
espera es larga -hay casos de hasta 10 años-, mi objetivo es alentar a la
adopción desde los derechos de los chicos. Que se entienda que no son un paquete
que se elige. Tampoco quiero levantar falsas expectativas. El proceso es largo.
Los adoptantes se ofrecen por si hay chicos".
Karina cuenta que hay dos formas de hacerlo: a través de organizaciones -que en
Argentina no existen y llegan a cobrar hasta 10.000 euros ($ 42.000)- o de
manera libre, como lo hice ella.
En la recta final del proceso, Karina espera. Valentino agarra un portarretrato
y dice: "mi hemano" (sic). Karina lo mira: "Esto podría haberse dado en
Europa, pero se dio acá, en mi país. Espero que sirva para ayudar a más chicos y
que nadie caiga en la ilegalidad. Ahora creo que las cosas no pasan ni un minuto
antes ni un minuto después".