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Diario Clarin
LOS TRAMITES Y LOS VIAJES LE COSTARON MAS DE 30 MIL DOLARES
Una mujer argentina adoptó tres niñas rusas a través de Internet


Desencantada, harta de las demoras y de los obstáculos que le planteaba el sistema de adopción de nuestro país, Cristina Gutiérrez se decidió a iniciar los trámites para obtener la tenencia de una niña en el extranjero. Poco después, en el sitio de una agencia de adopción de la ex URSS que opera a través de Internet, vio por primera vez una foto de Margarita. Y en un puñado de meses, no sólo logró su adopción plena, sino que, además, recibió a otras dos niñas, Sveta y Carolina, de idéntica procedencia.
 

Por Guillermo dos Santos Coelho. De la Redacción de Clarín.com
¿Puede una mujer argentina adoptar tres niñas rusas a través de Internet? Sí, puede. De hecho, eso hizo la maestra Cristina Gutiérrez, dueña de un colegio del Gran Buenos Aires, quien a los 47 años se convirtió en la pionera de la adopción online en la Argentina. Cansada de penar en la Argentina, en apenas unos meses, la mujer recibió en adopción a tres niñas rusas que, provenientes de un orfanato de la ex URSS, le fueron entregadas por una agencia que opera en Internet. Gutiérrez no pagó un solo dólar por la tenencia plena de las chiquitas, pero gastó más de us$ 30 mil en trámites y otros gastos, la mayor parte ocasionados por sus repetidos viajes a Rusia.

"No encuentro que adoptar tenga formas tradicionales o no. La diferencia está en la legalidad y la adopción internacional es una variante legal que no hace más que beneficiar a los chicos", dice, hoy, Cristina Gutiérrez. Sabe que la adopción internacional es una práctica cuestionada y que genera grandes polémicas porque la legislación al respecto varía de país en país, dando pie a confusiones e ilegalidades. Por eso, Gutiérrez, que actualmente vive en los Estados Unidos aunque conserva su colegio en la Argentina, montó su propia página de Internet (http://www.copernico.org), desde donde asesora y aconseja a quienes quieran imitarla.

Los primeros intentos de adopción de Cristina fueron los típicos. Con la decisión tomada desde hacía varios años, pero postergada una y otra vez por diversas razones, inició el trámite para obtener la tenencia de una niña en la Argentina en agosto de 1999. Unos meses después, con su marido, se dieron cuenta de que no habían avanzado nada y que, durante ese lapso, no habían tenido "ninguna posibilidad concreta de adoptar". Fue entonces que la mujer comenzó a navegar en Internet para buscar información sobre los requerimientos para adoptar en el extranjero. La experiencia no fue placentera. Hoy, en su sitio, Cristina recomienda cautela a quienes están buscando adoptar. Y advierte: "En la red, sobre estos temas, hay de todo dando vueltas".

Unas pocas horas de conexión le bastaron para dar con los sitios de agencias dedicadas a la adopción internacional. Sin confiar demasiado en los resultados, como si estuviera tirando botellas al mar, envió e-mails a medio centenar de agencias online. Y recibió casi una veintena de respuestas. Decidida a concentrarse en esos sitios, descubrió que algunos de ellos no admitían aspirantes extranjeros, y que otros no confiaban en la Argentina como país receptor, por lo que la diversidad de la búsqueda debió limitarse a un puñado de páginas. Por entonces, la legislación rusa aún permitía a las agencias de adopción online publicar fotografías y videos de los niños en lista de espera. Y quedó encandilada.

Esa "facilidad", que actualmente está prohibida en Rusia pero que sigue vigente en otros países como, por ejemplo, Camboya o Guatemala (http://carolinahopeadoption.org/chphoto.htm), le permitió a Cristina "conocer" a la primera de las tres niñas que luego adoptaría. En una de esas galerías, en el sitio de una agencia cuyo nombre prefiere no divulgar, encontró a quien estaba buscando: "Cuando vi a Margarita, que por entonces tenía 10 años, supe que iba a ser mi hija. Estaba ahí, toda sonrisa, y eso fue lo que me decidió. Uno los ve y sabe cuál será su hijo... No sé cómo sucede. Simplemente sucede", recuerda Gutiérrez.

Desde el monitor, la niña, que hoy tiene 12 años, la cautivó en un abrir y cerrar de ojos. Completamente decidida a adoptar, en Rusia y a través de Internet, Cristina envió un "dossier" con sus datos personales, requisito indispensable para ser autorizada a visitar el orfanato donde vivía Margarita, en Krasnoyarsk, una ciudad de 800 mil habitantes ubicada en Siberia, unos 4 mil kilómetros al oeste de Moscú. A las dos semanas, Cristina recibió los primeros informes médicos y psicológicos de la chiquita, junto con un video en el que ella y otras niñas contaban qué les gustaba, qué hacían en la escuela y cuáles eran sus juguetes preferidos; todo, por supuesto, en perfecto ruso.

"La finalidad de estas películas es que el interesado evalúe cómo se desenvuelve el niño y cuál es su grado de desarrollo y maduración", explica Gutiérrez, atacando la idea de que lo que hizo fue "seleccionar una niña en un catálogo". Las imágenes de las otras niñas la estimularon a dar un paso más; sobre todo, la mirada de una pequeña, también muy rubia, que decía tener 8 años. "Cuando vi el primer video de Margarita, conocí a Sveta y me enamoré de sus pecas; no me pude resistir. Y empecé a pensar que una nena sola, sin nadie a su lado que hablara su idioma, se iba a aburrir. Y decidí que, en lugar de una, adoptaría a las dos", cuenta.

En diciembre de 1999, Gutiérrez viajó por primera vez a Rusia para firmar un convenio con la agencia de adopción y ser recibida por las autoridades del Consejo Nacional de Minoridad y Familia ruso. A su regreso, emprendió una extensa búsqueda de documentos, de todo tipo y factor (entre ellos, un permiso de adopción internacional y un informe oficial de su situación socioeconómica extendidos por la Argentina) que, en algunos casos, se vio trabada por desconocimiento o negligencia. Finalmente, la delegación de la Secretaría del Menor y la Familia de su localidad confirmó la legalidad del caso y realizó el indispensable informe socioambiental reglamentario, además de formalizar su compromiso de que realizaría el seguimiento post adopción requerido por las autoridades rusas.

"En la Argentina, conseguir los papeles que hacían falta se logró con mucho esfuerzo y molestando a mucha gente. Es que, como era algo nuevo nadie quería involucrarse", recuerda Gutiérrez. Finalmente, gracias a la colaboración del por entonces secretario de la Embajada argentina en Moscú, Jorge Zobenica, y de un numeroso equipo de gestores y apoderados, los trámites locales se completaron en un plazo de 30 días. En enero de 2000, Gutiérrez viajó por segunda vez a Rusia, donde se estima que hay 4 millones de niños esperando ser adoptados, para llevar sus informes y completar los trámites legales. Poco después, al mes siguiente, viajó por tercera y última vez a la ex URSS, para cerrar las dos adopciones y retirar a las niñas del orfanato.

Pero allí descubrió que Sveta tenía una hermana mayor que no había sido ingresada en los registros oficiales y que las autoridades rusas habían cometido un error al concederle la tenencia de sólo una de las dos hermanas. La historia cierra definitivamente cuando Gutiérrez, hoy madre feliz de tres niñas, adoptó también a Carolina, la hermana "traspapelada" de Sveta, que por entonces tenía 12 años. Para su sorpresa, la adaptación de las tres niñas fue más rápida y menos conflictiva de lo que suponía: muy pronto, en apenas tres meses, Margarita, Sveta y Carolina hablaban español y, "en poco tiempo, alcanzaron a sus compañeros en la mayoría de las clases", cuenta Gutiérrez.

La rapidez que Internet imprimió al caso Gutiérrez no deja de asombrar, sobre todo, en comparación con las demoras que plantea un trámite de idéntica especie en la Argentina. Sin embargo, teniendo en cuenta los riesgos que se corren y lo que se pone en juego en un trámite de adopción, el debate sobre qué es preferible está apenas abierto. Al margen de las disputas éticas, lógicamente, Gutiérrez es una defensora a ultranza de la efectividad de la adopción online, sistema que busca popularizar en la Argentina. Y lo hace a través de Internet: en su sitio ofrece gratuitamente asesoramiento legal, gestoría y tramitación de visados y hasta una traductora de ruso para "abrir una opción más, acorde a la realidad económica".
 

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